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Altamira, una seña de identidad del arte cerrada y en el olvido

Ha sido elegida como una de las indiscutibles 'Joyas de Cantabria' Las pinturas, descubiertas por Sautuola, ilustran todos los libros de arte La cueva no está abierta al público desde 2002 por causas poco claras y el número de visitantes a la neocueva y al museo desciende año a año.
Hay que remontarse más de un siglo para datar con precisión el sobresaliente descubrimiento de las pinturas rupestres de la cueva de Altamira, considerada universalmente como la 'capilla sixtina del arte paleolítico'. Fue en el año 1879 cuando la niña de ocho años María Sanz de Sautuola, que acompañaba a su padre Marcelino, un erudito de Puente San San Miguel con inquietudes paleontológicas, en sus investigaciones dentro de una cavidad que había descubierto por azar su aparcero Modesto Cubillas, pronunció la célebre y repetida frase: «¿Papá, bueyes!».

Fue María la primera que percibió la existencia de las pinturas en el techo de la gruta, al tiempo que su padre, sorprendido, ya que hasta la fecha nada igual se conocía, se percataba de su importancia. Pero lo que pudo haber sido una circunstancia feliz se tornó el controversia. El descubrimiento, desde un primer momento, se vio envuelto por la polémica ya que se abrían nuevos y desconocidos horizontes sobre los orígenes de la expresión artística del ser humano.

Los conocimientos y la experiencia de Marcelino Sanz de Sautuola, en buena parte adquiridos con sus lecturas y en su visita a la Exposición Universal de París en 1878, de inmediato le permitieron hacerse cargo que iba a ser difícil convencer a la comunidad científica del enorme valor de su descubrimiento en la cueva cercana a la villa medieval de Santillana del Mar. En 1880 publicó un libro 'Breves apuntes sobre algunos objetos prehistóricos de la provincia de Santander' en el que describía los útiles recuperados en sus excavaciones en Altamira así como las pinturas de bisontes y otro animales, no dudando en su tesis que se trataban de una obra realizada por los hombres del Paleolítico.

De inmediato varios científicos franceses mostraron su oposición al descubrimiento del cántabro, tachándole de farsante. Sanz de Sautuola murió en 1888 sin ver reconocido públicamente su descubrimiento. La situación empezó a cambiar en 1895, cuando se descubrieron en Francia varias cuevas con pinturas y grabados; los investigadores del país vecino empezaron a cuestionar su postura, lo cual se plasmó en 1902 cuando el prestigioso prehistoriador galo Emile Cartailhac publicó un artículo titulado 'Les carvernes ornées de dessins, la grotte d'Altamira (Espagne). Mea culpa d'un sceptique', en el que rectificaba, admitiendo la autenticidad de las pinturas de Altamira y reconociendo el mérito como pionero de Sautola. Habían transcurrido nada más y nada menos que 23 años. Mucho tiempo.

Lugar emblemático

Sin duda, tanto por haber sido el primer yacimiento arqueológico descubierto con arte rupestre prehistórico como por la calidad de las pinturas realizadas por los colectivos humanos que habitaron allí en el Paleolítico Superior, Altamira se convirtió desde comienzos del siglo XX en su hito del arte mundial, lo que fue reconocido por la Unesco en el año 1985, incluyendo a este sitio en la prestigiosa Lista de Patrimonio de la Humanidad.

Por ello, no debe extrañar que la cueva de Altamira haya sido uno de las diez 'monumentos' elegidos por los internautas de EL DIARIO MONTAÑÉS en el concurso 'Joyas de Cantabria' organizado por este medio con la colaboración de E.ON España (antes Enel Viesgo) y del Aula de Patrimonio de la Universidad de Cantabria.

Altamira y sus bisontes, caballos, ciervos y otros signos representados en las paredes y en los techos por el homo sapiens sapiens hace entre 18.000 y 15.000 años figuran en los libros de arte y de los escolares escolares de más de medio mundo. La marca 'altamira' se ha empleado con infinidad de usos comerciales y Cantabria puede presumir de una de las cosas por las que realmente es 'única'. Recientemente, la declaración de una serie de cuevas de Cantabria, Asturias y País Vasco como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco se ha realizado como una ampliación del expediente de Altamira, prueba de que ésta sigue siendo el primer referente en la materia para científicos y para turistas.

Años setenta

Sin embargo, ese halo de misterio que siempre ha rodeado a la gruta de Altamira se ha traspasado en el siglo XXI a su gestión, dirigida desde 1979 por el Ministerio de Cultura. La masiva presencia de visitantes a la cueva en los años sesenta y setenta, además de reportar unos buenos ingresos, provocó el progresivo deterioro de las pinturas de lo que alertó por primera vez el fotógrafo santanderino Francisco Santamatilde a mediados de los setenta.

El Ministerio tras negar inicialmente el hecho, acabó admitiendo la evidencia y cerrando la cueva, parcialmente en 1977 y definitivamente en 1979, año en el que se decide crear el Museo y Centro de Investigación Altamira y el Patronato.

Dado que la cueva permaneció cerrada al turismo hasta 1982, se hicieron más sonoras las voces que reclamaban la construcción de una réplica que restase presión a la cueva original, que en 1973 llegó a recibir 173.000 visitantes.

La réplica

La idea tardó en madurar, hasta que en 1997 -23 años después del aviso de Santamatilde- se constituyese un Consorcio para poner en marcha un nuevo plan museológico que contemplaba levantar un nuevo edificio donde se ubicasen la réplica y el nuevo museo. Fue en este momento cuando emergió la figura de José Antonio Lasheras, un arqueólogo aragonés que tras hacer carrera en el Ministerio, llega a Altamira en 1991 para asumir la dirección del complejo arqueológico. Lasheras asume -y le dejan asumir- todo el protagonismo del nuevo proyecto, se rodea de un grupo de colegas, algunos de dudosa reputación entre los profesionales de la región, y aparta de 'su' proyecto a otros especialistas que formaban parte del Patronato. Este órgano de consulta y asesor, que esta semana se han comprometido a recuperar el ministro de Cultura y el consejero del mismo área del Gobierno de Cantabria, desapareció.

Sobre un controvertido proyecto arquitectónico del arquitecto cántabro Navarro Baldeweg, que a muchos deja indiferente, se levanta el Altamira del siglo XXI, que inauguraron los reyes de España en 17 de julio de 2001. Quizá lo más sobresaliente del conjunto sea la ejecución de la reproducción de las pinturas realizada por Pedro Saura y Matilde Múzquiz.

Entre tanto, la cueva original, reabierta en 1982, mantenía un régimen de visitas restringido (menos de diez mil personas al año) que permitía a una parte de la sociedad disfrutar de un bien que sostienen con sus impuestos.

Nueva decepción

Tras el lógico impulso inicial por la novedad, el nuevo complejo Altamira no se acercó ya en sus primeros años a las cifras que su director había 'vendido' en la fase de proyecto (unos seiscientos mil visitantes); es más, desde 2002, en que el número de visitantes alcanzó la cifra de 368.000, ésta ha caído paulatinamente, hasta los 261.975 del ejercicio de 2007.

¿Y por qué Altamira no ha funcionado como un imán a la hora de captar el turismo? Entre las opiniones recogidas al respecto cabe destacar la frialdad de las nuevas instalaciones, a las que algunas personas no han dudado en calificar de «poco ambiciosas» para un bien de la importancia mundial de Altamira. Lasheras y su equipo no han sabido contactar con la sociedad, la réplica tiene aspectos interesantes (la reproducción del techo de los polícromos) pero una ambientación de dudoso interés e incapaz de emocionar a un turista que aspira a ver la cueva original; el museo se plantea como un recorrido de vitrina en vitrina bastante monótono y ajeno a las nuevas tendencias de lo museología internacional que buscan una mayor interactividad.

A estos datos se sumó en 2002 la noticia de que la cueva se volvía a cerrar de manera indefinida para realizar nuevas investigaciones vinculadas a la conservación de las pinturas. Un nuevo mazazo para el complejo Altamira donde trabajan aproximadamente medio centenar de personas.

Las visitas siguieron cayendo en picado, el Patronato no ha vuelto a ser convocado y la transparencia sobre el resultado de los trabajos realizados dentro de la cueva ha brillado por su ausencia.

Cantabria, al margen

El pasado verano este periódico se interesó sobre la marcha de los trabajos que se realizan en Altamira y el resultado no pudo ser más desolador: el Ministerio cerró todas las puertas a la información, limitándose a anunciar la renovación de un convenio con en CSIC que aplazaba hasta el año 2009 la toma de una decisión sobre la reapertura de la cueva. Entre tanto, a lo largo de todos estos años, el Gobierno de Cantabria se ha mantenido apartado de cualquier actuación o decisión en la gestión de Altamira. Únicamente en época electoral han surgido algunas voces sobre la posibilidad de solicitar la transferencia de la gestión.

Ahora, lo más reciente, de esta semana, la reunión del consejero Marcano con el ministro Molina para retomar la figura del Patronato y poner en marcha un plan de conservación y gestión del arte rupestre.

Por todos estos episodios, desgraciados, Altamira ha perdido con el paso de los años el protagonismo que tuvo décadas atrás en el contexto del patrimonio histórico español y mundial.



Fuente: Eldiariomontanes.es



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