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Altamira, el tesoro hermético

La falta de unanimidad real en el seno del Patronato y las cautelas de los científicos complican el debate sobre la entrada de visitas a la cueva y lo rodean de secretismoLos expertos que deben decidir.

Intentan desactivar la presión mediática, tras la resonancia mundial que tuvo el anuncio de la supuesta reapertura.

Una reunión del Patronato de Altamira y otras dos del comité de expertos que designó este órgano gestor no han servido para obtener respuesta a una pregunta clave: ¿Debe reabrirse la cueva después de ocho años de cierre protector? El comunicado sobre la apertura de la gruta acordada «por unanimidad» en la primera, y hasta ahora única, reunión del Patronato fue deliberadamente ambiguo, para no dejar traslucir la escisión que hay en su seno.
«¿Unanimidad?, la única unanimidad es que no hay acuerdo», ironiza uno de los patronos que asistió al cónclave del 8 de junio y respaldó, por tanto, el documento final. En esa nota se dan tantos rodeos que, a día de hoy, no se sabe si el Patronato ha aprobado abrir la cueva y encargar a un grupo de científicos que determine en qué condiciones debe hacerse o si se ha aprobado encomendar a ese comité de expertos un informe que ayude a decidir si es posible la reapertura. Ni siquiera los propios patronos lo tienen claro, ya que, en función de quién de ellos 'traduzca' el texto consensuado, se decanta por una u otra versión.
Está en juego la conservación de unas pinturas prehistóricas que, desde 1985, son Patrimonio de la Humanidad. La responsabilidad que asume el Patronato al pronunciarse adquiere una dimensión universal e histórica. Nadie quiere que esas obras de arte rupestre únicas en el mundo sufran daños, pero tampoco es fácil de asimilar la idea de que nunca podrán ser contempladas. La discreción con la que se desea avanzar en un proceso tan delicado quedó patente en la última sesión del grupo de trabajo encargado de establecer las condiciones de una hipotética apertura. Ningún experto soltó prenda de lo que trataron, durante cinco horas, el 23 de junio.
«El Patronato, por unanimidad, manifiesta su decisión de establecer las condiciones de máxima accesibilidad que simultáneamente garanticen la sostenibilidad de la cueva». Ése es el arranque del comunicado del 8 de junio. En él se explicaba, además, que se creaba «un grupo de expertos para definir un régimen de visitas que permita establecer la relación entre la gestión de las mismas y las variables que afectan al proceso de deterioro». Se fijaba para el día 11 la primera reunión de ese comité, que tiene el cometido de presentar una propuesta para someterla a la aprobación del Patronato en otoño de 2010.
Los patronos sienten sobre sus espaldas la mirada de la comunidad científica internacional y de los medios de comunicación de medio mundo. Ni siquiera los más impacientes por abrir se atreven a ponerle, sin más, el cascabel al gato o, si se prefiere, el yugo al bisonte. Las manchas verdes que aparecieron en el dibujo de uno de estos bóvidos fueron el desencadente del cierre en 2002. Prefieren escuchar de nuevo a los investigadores antes de su dictamen final. «Las pinturas polícromas de Altamira son la perfección absoluta y un patrimonio de todos. Si por una decisión nuestra se llenan de hongos o de microbios, nuestro prestigio científico se iría al traste. Sería un delito de lesa humanidad y nadie quiere hacerse responsable de eso», expone uno de los expertos que forman parte del órgano gestor de la cueva.
Las cuentas de la vieja previas a la reunión constitutiva del Patronato de Altamira daban como resultado diez votos a favor de la reapertura de la cueva, que correspondían al número de representantes de las instituciones cántabras o elegidos por éstas (cinco son miembros natos del Gobierno de Cantabria y del Ayuntamiento de Santillana del Mar y otros cinco son vocales designados por el Ejecutivo regional y el consistorio). Esa cifra significaba una mayoría frente a los nueve integrantes del Ministerio de Cultura o propuestos por ese departamento (cinco de ellos natos). El número 20 lo completó, como vicepresidente, Emilio Botín, nombrado por el Patronato en su conjunto, y cuyo voto se contabilizaba como el 11 del 'bando' cántabro.
A la sesión sólo faltó la subsecretaria del Ministerio de Cultura, Mercedes Elvira de Palacio. Presidía la ministra Ángeles González-Sinde, que asistía, sorprendida, a un debate peliagudo y menos predecible de lo esperado. Ni representantes cántabros contra representantes del Ministerio, ni científicos contra políticos. Según relatan fuentes presentes en la reunión, todo se desarrolló en términos mucho menos maniqueos.
Mejor no votar
La cita del 8 de junio fue en la biblioteca del Museo de Altamira. ¿Qué ocurrió de puertas para adentro? Para empezar, no hubo votación, aunque el presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla, lo propuso en un momento en que parecía insalvable la división entre quienes defendían la apertura, siempre bajo máximas garantías de conservación de las pinturas, y quienes la rechazaban por los daños que podían sufrir las obras milenarias de arte rupestre incluso con un número insignificante de visitas. Fue clave para cambiar de estrategia la intervención de Emilio Botín, presidente del Santander.
Revilla era consciente de la expectación generada en torno a esa reunión e hizo notar que no podían comparecer ante los medios de comunicación con las manos vacías. Botín sugirió buscar un término medio que permitiera ofrecer una imagen de unidad. De ahí -siempre según fuentes que asistieron a la reunión- surgió la idea del escueto comunicado, de cuya redacción se encargó, en primera instancia, el rector de la Universidad de Cantabria, Federico Gutiérrez Solana, aunque luego cada patrono aportó la apostilla que le pareció oportuna.
El adalid en la defensa de la apertura de la cueva fue el consejero de Cultura, Francisco Javier López Marcano. Su postura ya la había hecho pública en reiteradas ocasiones. «El mensaje de que Altamira está cerrada es demoledor para los intereses turísticos y culturales de Cantabria», ha repetido hasta la saciedad. Marcano capitaneó la 'campaña' por la reapertura en comunión con el presidente Revilla. Ambos encontraron un aliado en el banquero Emilio Botín, que también se decantaba por esa posición.
Los científicos hicieron recapacitar a algunos de los patronos con más urgencia por abrir la cueva. Incluso el alcalde de Santillana del Mar, Isidoro Rábago, partidario de las tesis de Marcano, entendió la necesidad de tomarse un tiempo, reflexionar y esperar a los nuevos datos aportados por los expertos. Tampoco él quiere arriesgarse a que se produzca un deterioro en el patrimonio que ha dado fama planetaria a su municipio.
Jean Clottes y Julián Martínez, asesores de la Unesco; Rafael Doctor, director de la Fundación Santander 2016, y Rubí Sanz, directora del Museo Arqueológico Nacional, lideraron la postura conservacionista, según fuentes que participaron en las deliberaciones. Fueron los más firmes en sus argumentaciones sobre los deterioros que la presencia de visitantes puede ocasionar a las figuras de bisontes, caballos y ciervos dotados de volumen, movimiento y policromía que han convertido a Altamira en un tesoro único con más de 15.000 años de antigüedad.
El comunicado final del Patronato sirvió para «salvar el tipo. Fue una forma de decir que se estudia abrir la cueva», resume uno de los patronos. Pero al día siguiente, la noticia de que 'Altamira volverá a abrirse' dio la vuelta al mundo en forma de titulares escritos en español, inglés, francés, italiano... La interpretación fue generalizada: la cueva se abrirá, como anunciaron en una comparecencia conjunta la ministra y el presidente regional, aunque con todas las restricciones y garantías que corresponda.
Pero no todos los patronos están de acuerdo en que fue eso lo que se acordó. A la presidencia del Consejo Científico de la Gruta de Lascaux, en el sur de Francia, llegó una carta de José Antonio Lasheras, director del Museo de Altamira y miembro nato del Patronato, en la que aclara que lo que se ha aprobado «no es la apertura de la cueva». Lasheras defendió luego públicamente esa misma tesis en una entrevista concedida a RNE el 20 de junio. «El Patronato no ha acordado la apertura, sino analizar si se puede abrir y en qué medida, para después decidir». Matizaba así su postura pública inicial. El 8 de junio, antes del ruido mediático internacional, no puso en duda la apertura, aunque sí extremó el cuidado al subrayar que «será limitadísima, sólo experimental y temporal».
El Consejo Científico de la Gruta de Lascaux esperaba con especial interés la decisión del Patronato del Museo de Altamira. Esta cueva francesa, también Patrimonio de la Humanidad (desde 1979), se disputa con la de Altamira el sobrenombre de 'Capilla Sixtina' del arte rupestre. Más conocida por el 'santuario' paleolítico, cerró al público en 1963, después de que los visitantes rompieran el equilibrio natural de la cavidad, al propiciar la proliferación de algas, bacterias y calcita. Caballos, toros, ciervos, cabras montesas, felinos, un oso, un rinoceronte y hasta un unicornio que 'conviven' en la cavidad desde hace 15.000 o 17.000 años estuvieron expuestos o sufrieron los efectos de las manchas de las llamadas enfermedad verde y enfermedad blanca, eso sí, por efecto de un régimen de visitas que se demostró abusivo.
Desde 1983, Lascaux dispone de un réplica o facsímil que cumple las mismas funciones turísticas que la neocueva de Altamira en Cantabria. La gruta sigue cerrada, pero no a cal y canto. Pequeños, selectos y privilegiados grupos de cinco personas pueden entrar a la cavidad original bajo un estricto control y con permisos especiales obtenidos con mucha antelación. Durante el debate en el seno del Patronato de Altamira, uno de los investigadores de Lascaux aventuró que, de abrirse la cueva de Santillana del Mar, podrán entrar grupos de cinco personas como mucho, en días concretos, sólo en determinadas épocas del año y bajo un riguroso protocolo preventivo.
Pasajes del CSIC
En la sesión de trabajo del órgano gestor de Altamira se leyeron en alto algunos pasajes del informe del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) que, en teoría, debía haber sido suficiente para que los patronos decidieran sin ambages mantener o no el cierre de la gruta. «En nuestra opinión, las máximas garantías pasan por el mantenimiento de la cueva en un estado de máxima estabilidad microambiental», dice el documento que se conoció en enero. «En caso de que se cambie de estrategia y se decida la apertura, la monitorización debe ser exhaustiva para detectar de forma temprana la probable expansión de los microorganismos hacia zonas internas de la cueva».
Ese párrafo del estudio ha sido utilizado tanto para decir que el CSIC cree que es posible la apertura como para sostener que la rechaza. Los científicos tuvieron que aclarar que ellos no toman decisiones y que se limitan a realizar un trabajo técnico que ayuda a quienes tienen que adoptarlas. El Gobierno de Cantabria recibió, eso sí, con especial agrado las declaraciones que hizo el 4 de mayo el presidente del CSIC, Rafael Rodrigo: «Si se controla bien, Altamira podría abrirse».
En el mismo documento del Consejo, los investigadores señalan que «los datos obtenidos en la única visita experimental realizada durante el reciente periodo de estudio (marzo de 2007) indican que todas las valoraciones realizadas a partir de los datos de 1997-98 probablemente infravaloran considerablemente el impacto real generado por la entrada de visitantes». La presencia de personas, entre otros perjuicios, «induce procesos de microcorrosión que afectan directamente disolviendo los soportes de las pinturas».
Por qué abrir
Sobre la mesa a la que se sentaron los patronos estuvo la gran pregunta de por qué abrir Altamira. Un argumento recurrente de los más firmes partidarios de permitir la entrada a la cueva es que «de nada sirve tener unas pinturas excepcionales si nadie puede verlas». Los conservacionistas lo rebaten: «Quizá si ahora preservamos ese patrimonio, hallemos medios en el futuro que nos permitan reabrirlo sin cargárnoslo y que lo vea mucha más gente». A la premisa de los investigadores del CSIC de que como mejor está la cueva es cerrada, el Gobierno de Cantabria y el propio José Antonio Lasheras replican que también las obras de los grandes museos estarían mejor conservadas si esos edificios estuvieran cerrados y las piezas, expuestas en cámaras acorazadas con unas condiciones ambientales idóneas y constantes.
Científicos del CSIC han subrayado los méritos de la neocueva y opinan que la gente debería conformarse con la réplica, que «es exacta a la original, tiene más luz y más información sobre las pinturas». También el director del Museo destaca las ventajas de la neocueva, pero Lasheras, que en varias ocasiones ha defendido la apertura restringida, reconoció hace unos días que la dificultad para resignarse sin el original es «la emoción de estar en ese lugar tan mítico para la humanidad. Es lo único que no se puede ofrecer en el museo».
El presidente de Cantabria considera que la mayor utilidad de levantar la clausura de Altamira es la posibilidad de que jefes de Estado y personalidades de prestigio internacional puedan visitarla. La llegada de un presidente como Barack Obama para conocer la cavidad arrastraría consigo una legión de medios de comunicación que pondría a Cantabria en el punto de mira mundial durante días. «Esa publicidad no tiene precio. La repercusión para Cantabria y Santillana del Mar sería importantísima». Revilla, que ha sido el embajador del lema «apertura de Altamira ya», casi se conformaría «con no tener que rechazar más peticiones de altos mandatarios para ver las pinturas».
López Marcano preferiría que los visitantes fueran «cuantos más, mejor». Pero tras la salida de la reunión del Patronato, el consejero se mostró más comedido que nunca: «Nos gustaría poder decir: mañana abrimos, pero tenemos una responsabilidad. El procedimiento elegido es el más coherente y sensato, porque reabrir la cueva sin un control sobre su conservación sería una irresponsabilidad tremenda».
El deseo del Patronato es que pase el calentón mediático y que se deje avanzar tranquilo al comité de ocho expertos al que se le ha endosado la papeleta de elaborar el informe definitivo. Tampoco se ha precisado si ese documento debe limitarse a detallar las condiciones más idóneas para las visitas a la cueva (interpretación del consejero de Cultura de Cantabria) o si aportará información exhaustiva para que el Patronato pueda sentenciar si se abre o no Altamira (versión del director del Museo). El órgano gestor no volverá a reunirse hasta el otoño, cuando disponga de la «propuesta» del grupo de científicos para somertarla a aprobación. Quizá ese día se despeje el nuevo enigma de Altamira.




Fuente: Eldiariomontanes.es



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