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«Las técnicas de la física pueden servir como un CSI para el patrimonio artístico»

Clodoaldo Roldán

Profesor de Física Aplicada y Electromagnetismo. El Institut de Ciència dels Materials de la Universitat de València (ICMUV) presta su colaboración a destacadas instituciones culturales por su capacidad para analizar pigmentos.


La física y el patrimonio cultural parecen alejados.
Pero no lo están tanto. La física es una disciplina de medidas y en el patrimonio cultural material hay muchas magnitudes que se pueden medir y que permiten su caracterización.
¿Qué es la arqueometría?
El término se empieza a usar en la década de 1950 para agrupar las investigaciones que se realizan aplicando las técnicas analíticas propias de la física y de la química a cualquier material del patrimonio. Aportan información sobre los materiales utilizados, la tecnología de fabricación, su estado de conservación y permiten responder a ¿cómo?, ¿dónde?, ¿cuándo?, ¿por quién fueron realizadas?, ¿de dónde proceden los materiales? En nuestra unidad del ICMUV hemos analizado una gran variedad de bienes materiales catalogados de interés cultural: pigmentos sobre diferentes soportes, cerámicas, vidrios, papel, tintas, metales…
¿Es una buena compañera de la arqueología y de la historia del arte?
Nuestra colaboración con el departamento de Arqueología de la Universitat de València —en concreto, con el catedrático Valentín Villaverde—, con el Museo de Bellas Artes de Valencia y con el Museo Nacional de Cerámica, entre otras instituciones, muestra que las técnicas analíticas son un complemento esencial en sus investigaciones. Analizamos la caracterización de pigmentos usados a lo largo de la historia: el arte rupestre paleolítico, el neolítico, la época ibérica, la época romana, la medieval y la edad moderna. Hasta el siglo XVIII los pigmentos están basados en tierras y productos naturales, con algunos de síntesis, como el azul egipcio o los blancos y rojos de plomo. Pero con la revolución industrial, la química introduce en el mercado una gran gama de pigmentos de síntesis y cambia totalmente la paleta de los pintores. Gracias a estos trabajos se pueden peritar obras de arte en base a los pigmentos compatibles cronológicamente con los identificados por las técnicas analíticas.
Han estudiado pinturas rupestres en la Valltorta-Gasulla, al norte de Castelló, y las plaquetas de la Cova de Parpalló de Gandia. ¿Qué destacaría?
Hemos detectado que en la Valltorta hay figuras con diferente fase de ejecución y diferentes materiales. Hay negros procedentes de óxidos de manganeso, y negros basados en carbón; los rojos y amarillos son, básicamente óxidos de hierro. En algunas figuras y paneles detectamos pigmentos de origen geológico diferente, lo que indica el uso de diferentes materias primas y diferentes fases de ejecución. Esta información es muy útil para facilitar la labor de interpretación de los arqueólogos, esta colaboración interdisciplinar resulta muy enriquecedora.
La cerámica valenciana se caracteriza por su azul cobalto. ¿Cuáles son sus características?
Este color tan típico de la loza valenciana de Manises y Paterna ha tenido una importante evolución, aunque no nos lo parezca a primera vista. Gracias a un acuerdo con el Museo Nacional de Cerámica González Martí y la coordinación de su director, Jaume Coll, hemos encontrado que el mineral de cobalto usado para lograr el color azul ha variado a lo largo de la historia desde el siglo XIV al XX. Tras analizar cerámicas de con diferente cronología dedujimos que el mineral de cobalto usado en el siglo XIV era una asociación cobalto-zinc, mientras que el mineral de cobalto utilizado los dos últimos siglos era una asociación cobalto-níquel-arsénico, lo cual indica un cambio de materia prima. Y nos llevan a preguntarnos: ¿de dónde procedía el mineral usado para el azul de la cerámica valenciana?
¿Tienen indicios?
No hay fuentes documentales que informen sobre la procedencia de los minerales. Algunas actas notariales y documentos revelan que los venecianos lo comercializaron, pero no indican su procedencia, algunos estudiosos postulan que también podrían venir de explotaciones mineras cercanas, como Chóvar en Castelló, Aragón o Andalucía.
También han tenido mucho que ver con la exposición «Visiones de España», de Sorolla.
La restauración de los 14 lienzos de la Spanish Society of America, por encargo de la Fundación Bancaixa, ha sido uno de nuestros trabajos con más proyección. Analizamos mediante técnicas no destructivas, aplicando fluorescencia de rayos X, más de 200 metros cuadrados de lienzos al óleo y un total de 600 puntos. Nuestro objetivo era estudiar el estado de conservación e identificar los pigmentos presentes. Por un lado, para caracterizar la paleta de Sorolla y, por otro, verificar si los pigmentos analizados eran compatibles con la época del pintor valenciano, con el fin de verificar su autenticidad y documentar posibles restauraciones no registradas durante su permanencia en la Hispanic Society.
¿Alguna sorpresa?
No encontramos nada extraño. Los pigmentos usados por Sorolla en la Visión de España son de una excelente calidad como se ha demostrado por el perfecto estado de conservación en que se encontraban y todos son compatibles con los pigmentos que se comercializaban entre 1913 y 1919, período de realización de estas obras. Algunas peculiaridades detectadas han sido el incremento del uso de blanco de zinc en detrimento del blanco de plomo en los lienzos realizados más tardíamente; que todos los lienzos tenían una imprimación similar excepto el lienzo de Los toreros; cuyo naranja se obtenía de la mezcla de rojo bermellón y amarillo de cadmio o que el deterioro cromático de una zona de los cielos del lienzo dedicado a Castilla es debido a un deterioro del pigmento azul (azurita) mezclado con azules de cobalto.
Han desarrollado técnicas pioneras para analizar y restaurar vidrios. ¿En qué consisten?
Diseñamos prototipos de balsas de lavado para eliminación de costras que aparecen en las vidrieras sin dañar los materiales. Al igual que en otras ocasiones, sacamos los equipos del laboratorio y, así, gracias a los equipos portátiles, podemos trabajar in situ y sin deteriorar las obras de arte. En colaboración con la empresa segoviana Vetraria Muñoz de Pablos estamos analizando las vidrieras de la catedral de Segovia. Participamos en su proceso de restauración, para identificar pigmentos y determinar las causas de su deterioro, vinculadas con la interacción con agentes atmosféricos y climatológicos que durante siglos han tenido lugar en el interior y exterior de la Catedral de Segovia. Pero también hemos estudiado, entre otros, vidrios funerarios de la Colegiata de Gandia y vidrios Façon de Venise encontrados en las excavaciones del Convento de San Francisco de Morella.
Su unidad, en colaboración con expertos de diferentes disciplinas, es un referente a nivel europeo. ¿De qué está más satisfecho?
De contribuir a mejorar nuestros conocimientos sobre los materiales de nuestro patrimonio cultural. Uno de los trabajos de los que me siento más satisfecho, sin despreciar otros, por los retos que está planteando es el análisis de pigmentos de las plaquetas de la Cova del Parpalló (Gandia) y de la pintura rupestre neolítica del valle Valltorta-Gasulla. Tengamos en cuenta que estamos analizando obras que se remontan hasta 40.000 años en el primer caso y hasta 7.000 años en el segundo.
¿Cómo definiría su labor?
Trata de obtener información de los objetos del patrimonio cultural sin que podamos preguntar directamente a su ejecutor. Desarrollamos técnicas analíticas no destructivas como la fluorescencia de rayos X. Esta es la técnica de choque que utilizamos en primer lugar, ya que, sin extraer muestras y sin ocasionar daños, obtenemos información sobre los materiales inorgánicos. Las técnicas de la física pueden servir de manera similar a las herramientas de policía científica, salvando las distancias, como un CSI para el patrimonio artístico. Otra de las claves de nuestra labor se encuentra en el diseño de instrumentación analítica portátil para utilizarla in situ dónde se encuentra la obra de arte. Queremos que el laboratorio vaya a la obra y no la obra al laboratorio.



Fuente: Levante



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