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Comer en Siega Verde

Puede parecer exagerado, pero no lo es, salvo que le salga un competidor en Cauvet, Tito Bustillo, el Pendo, Altamira, Lexcaux o Foz Côa. Este último yacimiento rupestre -y vecino portugués- ya es Patrimonio de la Humanidad. Lo mismo que, desde hace unas semanas, lo es el de Siega Verde, en Salamanca, en el término municipal de Villar de la Yegua. Un pueblo que recibió la noticia con júbilo, en especial aquellos que apuestan por quedarse a trabajar en su tierra, como Antonio García y María José Chicote, que llevan el bar del pueblo. Antonio es quien lanza el reto del cochinillo cuchifrito. Qué bien suena este tipo de establecimientos, donde se juega al mus y se toman los últimos vinos y cafés del invierno rural. Habría que primarlos y catalogarlos como 'yacimientos sociales'. Pero ese es otro cantar.
Ahora se trata de atender la oferta de estos dos emprendedores, que aseguran -posiblemente no les falte la razón- que su pequeño bar se va a poner las pilas. Lo cierto es que es el único lugar donde se puede comer -en unos kilómetros a la redonda- cerca del puente de Siega Verde, antaño de La Unión. Es aquí donde se encuentra el lugar de visita obligada este verano: el yacimiento rupestre de Siega Verde. Antonio se disculpa pues, aunque espacioso, el establecimiento se comparte con los parroquianos, eso sí, «con un biombo separamos las mesas», dice. Y apuntala: «Aquí no hay vajilla cara, ni mantelería de lujo, ni hacemos cocina sofisticada; simplemente procuramos que quien venga no se vaya sin comer y, sobre todo, ahora que somos Patrimonio de la Humanidad». Antonio hace cocina familiar, sopas, guisos, cuchifrito, carnes, ensaladas, patatas fritas y, por supuesto, con menús de entre ocho y once euros, con postre y vino, incluida la sonrisa. La comanda es corta, por ahora, pero todo anuncia que se ampliará. Ahora está en sus manos y se lo merecen.
El cuchifrito reciente está de lujo. Y lo mejor es que el carnicero es también del pueblo, de Villar de la Yegua, el del yacimiento rupestre de Siega Verde. La cocina de Antonio es el exponente de la gastronomía local. Y como los caballos y los bisontes del yacimiento, está todo el año de guardia; eso sí, a unos pocos kilómetros del río Águeda, cuyas aguas, orillas y pizarras paradójicamente están bautizadas por la Humanidad. Una visita obligada para este verano.



Fuente: Nortecastilla.es



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