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Poio redescubre su Edad del Bronce

El Centro de Interpretación y Área Arqueolóxica de A Caeira ofrecen un completo repaso por el arte rupestre que define un modo de vivir hace más de tres mil años.

Casualidades de la vida llevaron un día hace casi un siglo a Ramón Sobrino, un profesor pontevedrés de Ciencias interesado en la arqueología, a A Caeira, en Poio. Allí hizo el descubrimiento de su vida: petroglifos que datan de la Edad del Bronce en la zona de Boa Vista, un enclave con vistas a la ciudad de Pontevedra y la ría que lleva su nombre.
Pero el conjunto de arte rupestre no está completo. Al igual que sucedió con otros elementos, nuevas construcciones se encargaron de borrar del mapa los dibujos con más de tres mil años de antigüedad. Existen fotos que demuestran la existencia de estos grabados en un punto geográfico donde ahora hay levantadas dos casas. De hecho, entre ambas viviendas hay unos grabados que están en el circuito de visitas del parque rupestre de Poio.
«Algunos grabados rupestres desafortunadamente desaparecieron», explicó Patricia Miralles, una de las responsables del Centro Arqueolóxico da Caeira.
Los petroglifos apuntaron entonces, y lo hacen ahora, a que en A Caeira existen indicios suficientes para creer que en el área convivió un poblado durante la Edad de Hierro. Sus habitantes se dedicaban a la agricultura y ganadería, y vivían en cabañas ubicadas en las zonas altas de las laderas y próximas a regatos.
Poio aprovechó la oportunidad y puso en valor la denominada Área Arqueolóxica da Caeira, un lugar que trata de despejar dudas sobre el modo de vida y aspectos sociales que ocurrían hace más de tres mil años. Por allí pasaron más de 600 personas en visitas guiadas desde su inauguración en junio del 2009.
A Caeira cuenta con dos estaciones visitables. Aunque hay petroglifos sencillos, en el área de Boa Vista existen dos piedras de grandes dimensiones: Pedra Grande de Montecelo y Laxe das Lebres. Estas dos piezas son las que dan sentido al conjunto de grabados rupestres.
Geometría y animales
Por un lado está la Pedra Grande de Montecelo, que constituye un conciso testimonio de la temática geométrica, concretamente, basado en círculos concéntricos. Es una roca de unos ocho metros de alto por tres de ancho, y apenas se levanta del nivel del suelo.
Por su parte, la Laxe das Lebres, también conocida como Laia dos Cervos, es un panel con representaciones de ciervos, dándole al conjunto artísticos un toque naturalista. Allí figuran algunos machos adultos «en actitudes propias de la época de celo» que se producía a principios del otoño. Esto es una muestra del conocimiento de los artistas de la Edad del Bonce sobre los comportamientos naturales. En una imagen hay dos ciervos en simetría de espejo. Uno de estos grabados rupestres es muy conocido en toda la comunidad autónoma gallega.
Poio también alberga el petroglifo de Pozo Ventura, unos grabados rupestres excluidos del ámbito del Área Arqueológica de A Caeira, pero que, sin embargo, están ubicados en monte Liñares, muy próximos al lugar. Son figuras geométricas que forman lo que parecen ser hojas de alabardas.
Estas piezas se asemejan a aquellas descubiertas en yacimientos de la geografía irlandesa y de la Bretaña francesa. Los grabados se ejecutaron sobre una piedra granítica de una altura de 3,5 metros y un ancho de 1,75.




Fuente: La Voz de Galicia



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