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Auspiciada por Alberto de Mónaco y fruto del estudio de Herminio Alcalde del Río, Henri Breuil y Lorenzo Sierra, la publicación celebra el centenario del hallazgo .El Principado edita el facsímil de una obra de 1911 sobre el descubrimiento de las cuevas asturianas de El Pindal, Mazaculos, La Loja y Quintanal como regalo de Navidad.El arte no sólo sirve como administrador de emociones y sentimientos, también es un transmisor de ideas y saberes y, como tal, testigo de la historia en la que fue gestado. Mirar al pasado del arte es, a veces, una de las mejores formas de hallar el relato de los hechos de un tiempo. Eso debieron pensar a principios del siglo pasado los autores de la primera publicación científica sobre las manifestaciones del arte rupestre en Asturias, que editaron su trabajo tan sólo tres años después de que las cuevas de El Pindal y Mazaculos (en Ribadedeva), La Loja (en Peñamellera Alta) y Quintanal (en Llanes) dejaran al descubierto los caballos, bisontes, toros, peces, ciervas y elefantes que los hombres del paleolítico habían pintado en sus paredes, declaradas hoy patrimonio mundial.
Aquel libro, auspiciado curiosamente por el fallecido Príncipe Alberto I de Mónaco, vio la luz en 1911. Recogía el hallazgo por parte del adinerado Herminio Alcalde del Río, a quien se debe el descubrimiento de las grutas en 1908, pero también las investigaciones de Lorenzo Sierra y de Henri Breuil.
Los tres dieron a conocer así a la comunidad científica del mundo lo que habían escondido durante miles de años las cavernas de la región cantábrica, que traducido al francés ('Las cavernes de la région cantabrique') daba título a ese primer e histórico volumen de la historia sobre el arte rupestre de Asturias. Un volumen editado íntegramente, precisamente en francés, y que no encontró parangón hasta que ya superada la primera mitad del siglo, en 1954, Francisco Jordá y Magin Berenguer, aportaran un segundo estudio con algunas conclusiones y figuras nuevas.
Hoy 'Las cavernes de la région cantabrique' vuelven a ver la luz. La edición facsímil que el Principado preparó con motivo del centenario del descubrimiento de las cuevas se ha convertido en su obsequio de Navidad de este año con el fin de recordar que el arte rupestre paleolítico es uno de los grandes valores del patrimonio cultural de Asturias. «Estamos obligados a mantener este legado histórico, de más de veinte mil años de antigüedad, en las mejores condiciones posibles y a preservar su continuidad en el tiempo, a la vez que debemos impulsar su conocimiento para que sea apreciado por la sociedad». Así se manifiesta el presidente del Principado, Vicente Álvarez Areces, en el texto de presentación del extraordinario libro, del que se han editado tan solo 500 ejemplares numerados y cosidos a mano.
En ellos se describen las pinturas y grabados, se aportan, con todo detalle y a través de planos similares a los actuales, calcos de pinturas y detalles del entorno. Sobre las fotografías se colocaron láminas de papel vegetal en las que Breuil explica y aclara las figuras, lo que hizo posible la comprensión de las expresiones. Pero el libro no sólo ofrece información de las cuatro cuevas asturianas mencionadas, sino de todas la que recorren toda la cordillera Cantábrica. De hecho, el año pasado el Gobierno de Cantabria organizó una exposición en Santander, denominada como este libro, en la que exhibió durante semanas el contenido de sus páginas. Uno de sus visitantes de excepción fue el actual Príncipe de Mónaco, que regresó a su palacio con un ejemplar del facsímil bajo el brazo.



Fuente: Elcomerciodigital



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