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Jean Clottes aboga por conservar la ladera de Praileaitz

Jean Clottes, uno de los grandes especialistas en arte rupestre, considera que es necesario conservar no sólo la cueva de Praileaitz sino también lo que queda de la ladera en la que se encuentra. Esta postura, coincidente con la defendida desde distintas instancias ciudadanas, científicas y políticas, la razona Clottes en un informe redactado precisamente por encargo del Departamento de Cultura de Lakua, que hasta ahora se ha negado a actuar en tal sentido.

Las filtraciones e incluso algunas declaraciones del propio Jean Clottes ya apuntaban a que abogaría por proteger el conjunto de la ladera de Praileaitz, amenazada por la cantera de Sasiola, pero el contenido del informe propiamente dicho, conocido ayer, no sólo corrobora esa idea, sino que lo hace en términos que superan las expectativas. Por momentos, parece incluso que Clottes está rebatien- do a su colega Paul Pettitt, quien también redactó un informe sobre Praileaitz a petición del Departamento de Cultura, aunque mucho más complaciente con la postura de su titular, Miren Azkarate, quien hasta ahora se ha negado a extender la protección a la ladera.

En el capítulo final de su informe, redactado en francés, Clottes enumera una serie de recomendaciones, entre las que destaca, «sobre todo», la de «extender la protección a todo el flanco de la colina situada frente al Deba, en la cual se abre Praileaitz I. Este deseo -continúa el especialista- responde a dos preocupaciones principales: el principio de precaución con respecto a la preservación de las pinturas... (y) la protección del contexto medioambiental del yacimiento».

Sobre el principio de precaución, Clottes hace notar que, si la cantera sigue destruyendo la ladera, «las pinturas son suceptibles de sufrir dos amenazas serias»: posibles modificaciones del microclima en el que se encuentran y las vibraciones producidas por las voladuras y otras prácticas extractivas. El experto resalta al respecto la vulnerabilidad de las pinturas, en buena medida situadas sobre formaciones geológicas muy frágiles denominadas banderas. «La menor vibración, incluso de débil intensidad, es potencialmente peligrosa», advierte. «Téngase en cuenta -añade- que este principio de precaución es invariablemente aplicado en lo que concierne a las personas: por ejemplo, está prohi- bido permancer en el interior de la gruta durante las voladuras (de hecho, los arqueólgoso de Aranzadi deben salir antes de que éstas se produzcan). Si un riesgo de derrumbamento es considerado en ese caso, con mayor razón debería considerarse para las banderas con pinturas, de fragilidad extrema».

Con respecto a la necesidad de preservar el contexto medioambiental del yacimiento paleolítico, Clottes considera «evidente» que, si la cantera siguiese destruyendo la ladera, «el impacto visual, por ejemplo, desde la autopista, sería muy severo, porque la cueva estaría aislada en el extremo de un macizo truncado, situación lamentable a todas luces». Insiste en la misma idea en otra parte del informe: «La desparición del contexto medioambiental (es) algo que todo arqueólogo no puede sino deplorar; el impacto visual permanente sería desastroso, puesto que la gruta sería privada de dos tercios aproximadamente de la ladera donde se sitúa».

Sería algo que, «por poner un ejemplo que conozco bien», continúa, la legislación francesa no admitiría: «Un Monumento Histórico en Francia está automáticamente dotado de un espacio de protección de 500 metros de radio, que incluye las zonas que se encuentran `en su campo de visibilidad'». En el caso de Praileaitz ese «campo» abarcaría toda la ladera. Hay que tener en cuenta que el decreto de protección aprobado por Lakua y actualmente en vigor, permite la extracción de piedra mediante voladuras a 100 metros de distan- cia de la cueva y, por procedimientos «blandos», a 50.

Por lo demás, Clottes considera que las medidas adoptadas hasta ahora «van en el buen camino». La propia cueva está protegida y un perímetro -«bastante estrecho, es verdad», insiste- ha sido asegurado alrededor.

Clottes, presidente de la Federación Internacional de Organizaciones de Arte Rupestre, ha redactado el informe por encargo del Departamento de Lakua tras visitar la cueva el 24 de abril y analizar diversa documentación, lo que le ha proporcionado «conocimiento suficiente para forjarme una opinión sobre la autenticidad de las pinturas, su importancia y las medidas deseables a fin de asegurar una protección perenne... Como prehistoriador, especialista del medio subterráneo y particulamente del arte paleolítico, sólo puedo opinar -advierte- sobre los problemas concernientes al propio arte, su importancia, su conservación y la de su entorno. Comprendo perfectamente los problemas de orden económico, social y financiero a los que se enfrentan las autoridades responsables, pero no los he tenido en cuenta en mis apreciaciones, porque remiten a opciones y decisiones políticas».

El principio de precaución de cara a preservar la integridad de las pinturas y la necesidad de conservar la cueva en su entorno ambiental son las razones que esgrime el especialista para posicionarse en pro de que la protección alcance al conjunto de lo que queda del monte.

Jean Clottes fue, por cierto, quien, por encargo de la Unesco, redactó el informe sobre diversas cuevas de la cornisa cantábrica, entre ellas Ekain y Santimamiñe, que aspiran a ser declaradas esta misma semana en Quebec Patrimonio de la Humanidad.

¿Pinturas del chamán? El especialista considera «bastante posible» que las pinturas no sean de hace 18.000 años, sino de hace 15.000, lo que las convertiría en contemporáneas del «chamán» que realizó sus ritos en Praileaitz. Eso reforzaría su interés.

«Esta cueva es por sí misma un testimonio precioso, original e importante de la vida y de las creencias de los pueblos paleolíticos, y debe ser protegida y estudiada como merece, lo que implica continuar las excavaciones», puede leerse en el informe.

«Esta cueva es por sí misma un testimonio precioso, original e importante de la vida y de las creencias de los pueblos paleolíticos, y debe ser protegida y estudiada como merece, lo que implica continuar con las excavaciones». Con estas palabras, Jean Clottes manifiesta de forma expresa su respaldo a las investigaciones. Un respaldo que probablemente ha considerado pertinente expresar habida cuenta de que su colega Paul Pettitt señaló, entre las principales amenazas para la cueva, los cambios en su microclima que podrían derivarse del trabajo en su interior de los arqueólogos.

«La gruta –recuerda al respecto Clottes– está situada en la ladera de una colina en gran parte destruida por una cantera... Eso significa que modificaciones considerables e irreversibles han sido ya realizadas en su microclima... Es evidente que los cambios derivados de la deforestación y de la extracción de enormes cantidades de roca no pueden ser más que de gran envergadura, incluso si se ha establecido un nuevo equilibrio. En vista de estos hechos, la preocupación por el impacto climático susceptible de generar la prosecución de los trabajos de investigación en la cueva, expresada por Paul Pettitt, parece desproporcionada (‘sans commune mesure’, en el original, en francés) en comparación con los cambios ya realizados. Ese eventual impacto sería de todas maneras aminorado por la estructura misma de la cavidad, que incluye pasajes en pendiente, estrechos y bajos, que constituyen cedazos potenciales, particularmente, ante las zonas con pinturas. Se trata pues, en mi opinión, de un problema desdeñable» («négligeable»).

Por lo demás, Clottes asegura que las pinturas son «indiscubiblemente paleolíticas», aunque no está seguro de que correspondan a un perido premagdaleniense (el doctor Marcos García les atribuyó unos 18.000 años de antigüedad) y opina que podrían ser magdalenienses, es decir, contemporáneas del «chamán» que hace unos 15.000 años utilizó la cueva. Si esto se probara, lo que el especialista, «con un poco de suerte», no considera imposible, el interés de las pinturas se reforzaría, «porque testimoniarían prácticas asociadas a un hábitat y a un arte mueble tan original» como el de Praileaitz.

Al respecto, dice: «Toda gruta con pinturas del Paelolítico Superior es importante en sí misma... Si el conjunto de pinturas de Prailaietz I es en sí mismo menor, en razón de la ausencia de figuración animal y de la simplicidad de las marcas, su presencia en el marco de un extraordinario hábitat magadaleniense le confiere un gran interés. Se trata de un conjunto (pinturas y hábitat) indisociable único. La serie de colgantes de piedra, a menudo decorados, entre ellos el muy original collar de catorce piezas; su técnica y su aspecto, que denotan un solo autor; las condiciones mismas del habitat magdaleniense –muy bien investigado por nuestros colegas–, denotan prácticas alejadas de las simples preocupaciones  materiales, probablemente, ritos que se tradujeron en el depósito de un mobiliario remarcable (los colgantes) y, acaso, la realización de marcas en las paredes».    M.A.




Fuente: Gara



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