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El renacer de los cincuenta: Jordá y Berenguer

A mediados de siglo pasado se recuperó el interés por el arte rupestre de la mano de dos nombres fundamentales: Francisco Jordá y Magín Berenguer. Después del parón dela guerra civil, en 1952 se inauguró el Museo Arqueológico y se creó ese mismo año el Servicio de Investigaciones Arqueológicas, lo que sirvió de revulsivo para retomar los trabajos.
Berenguer (1918-2000) dedicó gran parte de su vida a estudiar el patrimonio rupestre, y de hecho fue consejero provincial de Bellas Artes. Lo curioso es que este ovetense aunaba el amor al arte del ayer y del hoy, y por eso hizo su propia obra e inmortalizó en forma de 'gouaches' y acuarelas buena parte de las figuras que otros dejaron grabadas en las cuevas hoy Patrimonio de la Humanidad. Las de Candamo, Tito Bustillo, Llonín, el Tuxu, El Pindal son algunas de esas cavernas reproducidas por Berenguer, en algunos casos a un tamaño considerable, como es el caso del panel de Llonín de 1,2 metros de altura y 6 metros de largo. Mayor aún es la reproducción de La Peña, que alcanza los dos metros de altura y los ocho de ancho. Una parte de la colección de estas obras fue adquirida por la Consejería de Cultura, que ha decidido que Berenguer tenga una sala propia en el remozado Museo Arqueológico de Asturias que pronto abrirá sus puertas.
Fue la suya una labor paciente en extremo, y dura, porque pasaba horas y horas encerrado en las oquedades tomando apuntes para ser fiel a los artistas de antaño. Este profesor de Bellas Artes firmó también sus propias obras y sus propios trabajos investigadores, como los que leyó en el Real lnstituto de Asturianos (RIDEA). Allí presentó, sir ir más más lejos, en el año 1954, 'La cueva de El Pindal (Asturias), nuevas aportaciones', una pormenorizada descripción de las pinturas halladas casi medio siglo atrás en la caverna de Pimiango (Ribadedeva).
Un alcoyano en Oviedo
Firmaba Berenguer aquel documento a dos manos con Francisco Jordá Cerdá, otro de los grandes, un alcoyano (1914-2004) que fue voluntario en las milicias en 1937 lo que le llevó a vivir en prisión entre 1939 y 1943. Ya excarcelado, se incorporó a la Universidad de Valencia y más tarde tomó rumbo a Cartagena para dirigir su museo arqueológico. La vida le trajo a Asturias en 1952 para dirigir el Servicio de Investigaciones Arqueológicas de la Diputación Provincial de Oviedo. Al año siguiente, fue nombrado director del Arqueológico de Oviedo. «Sus trabajos aquí se organizan sobre tres ejes: la secuencia industrial del Paleolítico cantábrico, el análisis estilístico del arte paleolítico y la preshitoria reciente asturiana. Estas líneas se desarrollan a partir de nuesvos estudios y trabajos en una larga lista de yacimientos: Cueva de la Lloseta, Cueto de la Mina, El Conde, Les Pedroses, Cierro y Cova Rosa, la necrópolis tumular de Campiello, los castros de San Chuis y de Coaña o la ciudad romana de Lancia (León)», detalla Joan Emili Aura Tortosa, del Departamento de Preshistoria de la Universidad de Valencia.
Los trabajos de Jordá se consideran básicos y vitales en el estudio de la preshistoria en España. «El profesor Jordá fue, tras lo escrito por Obermaier, el primer investigador que llegó a profundizar entre las relaciones entre el Paleolítico mediterráneo y el cantábrico, desarrollando una perspectiva regional asentada sobre estudios y excavaciones en ambas regiones», sostiene Aura Tortosa.



Fuente: Elcomerciodigital.com



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