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Los pintores de hace miles de años de Ekain y Alxerri

Vivían fuera de las cuevas y dominaban las técnicas pictóricas. Así eran los 'artistas' de Ekain y Altxerri
DV. ¿Cómo eran los hombres que pintaron los caballos de la cueva de Ekain? ¿Cómo era la actual Gipuzkoa durante el período Magdaleniense? La declaración hace veinte días como Patrimonio Mundial de las cuevas de Ekain y Altxerri, junto a la de Santimamiñe y otras catorce de la cornisa cantábrica, invita a echar un vistazo, con intenciones divulgativas y recopiladoras, a una Prehistoria que, entre excavaciones, réplicas y distinciones, parece dispuesta a mantenerse en primer plano de la actualidad.
Pintores con oficio. Los hombres que nos dejaron las manifestaciones artísticas más antiguas sabían pintar. Según José Antonio Mujika Alustiza, profesor de Prehistoria de la Universidad del País Vasco, «las magníficas figuras parietales de las cavidades paleolíticas no son realizadas de forma espontánea por personas que no han pintado jamás, sino obras de artistas que conocen perfectamente los materiales, las técnicas, los recursos sugeridos por el panel natural sobre el que van a trabajar y que controlan perfectamente el movimiento».
Conjunto. La reciente ampliación de la denominación de la cueva de Altamira como Patrimonio Mundial a otras 17 de Asturias, Cantabria y Euskadi hermana a las grutas guipuzcoanas de Ekain y Altxerri con otras de la cornisa cantábrica. Los especialistas consideran adecuada esta visión como conjunto de lo que la Unesco clasifica como «cueva de Altamira y arte rupestre del Norte de España». En palabras de Mujika Alustiza, todas tienen «una serie de características comunes que les dan unidad. Son expresión del mundo simbólico y de un mundo de creencias de un mismo tipo humano (el Homo sapiens sapiens), realizadas en un mismo período (Paleolítico Superior), utilizando técnicas y temas similares».
Conservación. La propia Unesco destacó en su declaración la «excepcional conservación» de estas pinturas rupestres. El paleontólogo Jesús Altuna, que ha vivido todos los trabajos en la debatarra Ekain desde el momento cero, destaca que «la cueva está exactamente igual que cuando el hombre prehistórico la abandonó, porque estuvo cerrada durante milenios hasta que un domingo de 1968 la descubrieron Andoni Albizuri y Rafael Rezabal. El martes estuvimos José Miguel de Barandiarán y yo viéndola, descubriendo que era un yacimiento extraordinario. El jueves pusimos la puerta y sólo entonces se comunicó la noticia del hallazgo».
Magdaleniense. Ubiquémonos en el tiempo. El hombre apareció sobre la faz de la Tierra durante el Paleolítico Inferior y ya en el Paleolítico Superior, con el Homo sapiens sapiens, era físicamente igual a nosotros. El Paleolítico Superior se sitúa entre 35.000 y 11.800 años BP. ¿Y qué es eso de BP? Before Present, es decir, antes de la actualidad. El Magdaleniense, en el que se datan las pinturas de Ekain y los grabados de Altxerri, es el último período, el más cercano en el tiempo, del Paleolítico Superior. Abarca desde 17.000 hasta 11.800 BP.
Otra costa. Seguimos situándonos. Durante el Magdaleniense estábamos al final de la última glaciación y el nivel del mar era unos 50 metros más bajo que el que conocemos. O sea, que los yacimientos hoy costeros no eran tales entonces, que la línea de costa se hallaba a unos 5 kilómetros de la actual y los asentamientos que hace miles de años se encontraban en el litoral desaparecieron al subir el nivel del mar.
Fuera de las cuevas. José Antonio Mujika nos ayuda a desterrar algunos tópicos asentados. Uno, «tenemos una imagen estandarizada del hombre primitivo en la que apenas se producen variaciones en sus actividades y costumbres». En realidad, las variables de tiempo y espacio da una pluralidad de hombres primitivos. Dos, nuestros antepasados nos dejaron huellas en las cuevas, pero principalmente vivían fuera de ellas. «Dada la movilidad de los grupos humanos de cazadores-recolectores, sus asentamientos eran utilizados de forma breve y estacional, aunque repetitiva. A pesar de que se consideren las cuevas como sus lugares de residencia habitual, hay que subrayar que el número de asentamientos al aire libre era mucho mayor. Desgraciadamente, éstos son prácticamente desconocidos por problemas de conservación y la dificultad de descubrirlos. El hombre no ocupaba territorios en función de si había cuevas o no, sino de su accesibilidad a recursos alimenticios».
Alimentación. Nuestros antepasados del Magdaleniense se alimentaban de frutos, hongos y vegetales, también de los mariscos que recogían, pero fundamentalmente de la caza. Ahí llegamos a los ciervos y cabras montesas que aparecen en los grabados de la cueva de Altxerri y en las pinturas de Ekain.
Un zoo pintado. El arte rupestre se centró en la representación de animales. Si los bisontes son los más frecuentes en las paredes de Altamira, Santimamiñe y Altxerri, en Ekain las figuras más pintadas son las de sus famosos caballos, a los que siguen bisontes, cabras, ciervos, osos, posibles rinocerontes y peces. Los restos óseos de animales hallados en las cuevas difieren de los representados en las pinturas. Es decir, que no pintaban exactamente lo que cazaban. Algunos animales pudieron ser vistos por nuestros antepasados durante sus incursiones en otros territorios cercanos, puesto que se movían con frecuencia en busca de sílex y de caza.
Puntos significantes. Si las representaciones de animales siguen abiertas a interpretaciones, más aún en el caso de los puntos y líneas, que conforman el otro tipo de pinturas rupestres. «Estos signos, que en ocasiones, como en Praileaitz I, son las únicas representaciones existentes, a veces acompañan a figuras, o bien se encuentran en lugares muy concretos de las cavidades, en bifurcaciones, al inicio de las representaciones... ¿indicando o informando a los que entran?», se pregunta el profesor de Prehistoria de la UPV.
Puzzle. La arqueología tiene algo de búsqueda de piezas sueltas de un puzzle siempre incompleto, del que ya se sabe que algunas piezas se perdieron para siempre. «Muchas veces la información existente es muy limitada por tratarse de excavaciones realizadas cuando sus responsables no contaban con los medios disponibles en la actualidad. Y para la comprensión del hombre prehistórico es absolutamente necesaria la investigación y estudio de las redes de asentamientos, no sólo de aquellos que consideramos espectaculares».
Proteger y divulgar. Conjugar la protección de estos templos del arte rupestre con su difusión es un tarea acaso imposible, para la que se está echando mano de las nuevas tecnologías. Si en Kortezubi ofrecen una visita virtual con imágenes tridimensionales a la cueva de Santimamiñe, en otros casos, como Altamira o Ekain, se ha optado por crear una réplica que permita acercarse al gran público a los tesoros de las cuevas pero sin ponerlos en peligro.
La réplica más esperada. En septiembre se abrirá por fin Ekainberri, la réplica de la debatarra cueva de Ekain creada en el término municipal de Zestoa. El equipamiento reproduce fielmente los paneles pintados e incluso la atmósfera de la cueva original. Aunque parece descartada la realización de una réplica de Altxerri, puede que se aborde algún tipo de representación virtual.
Tras la declaración. Su incorporación a la lista del Patrimonio Mundial sitúa a las cuevas de Ekain y de Altxerri en circuitos internacionales. Los Gobiernos autónomos de Cantabria, Asturias y Euskadi mantienen contactos de cara a realizar una divulgación conjunta de las 17 cuevas. Altuna advierte de que «la declaración es un honor, pero también una exigencia para todos».



Fuente: El Diario Vasco



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